Carlos IV fue rey de España desde 1788, en que sucedió a su padre,
Carlos III, hasta 1808 en que se vio obligado a abdicar en su hijo Fernando, que subiría
al trono con el nombre de Fernando VII el Deseado.
Siendo príncipe de Asturias, el futuro
Carlos IV demostró, junto con su hermano el infante don Gabriel, saber disfrutar bien de
los Sitios Reales, en los que incorporaron mejoras y patrocinaron construcciones tan
notables como las llamadas Casas del Príncipe en el Escorial, la de Arriba y la de Abajo;
el jardín del Príncipe de Robledo, cercano esta vez al palacio de la Granja y, por
último, la Casita del Labrador en Aranjuez, donde el príncipe dirigió personalmente la
remodelación de los jardines.
Después de la guerra de la Independencia, y
durante todo el siglo XIX, la monarquía no perdió la costumbre de pasar las primaveras
en Aranjuez y siguió yendo allí todos los años hasta 1890.