A principios del siglo XVIII, siendo
todavía el Sitio de Aranjuez solamente residencia real, fue escenario del asentamiento de
las tropas inglesas y portuguesas que, bajo el mando del Marqués de las Minas, se habían
apoderado de la Corte en 1706.
Sesenta años más tarde, en 1766, Aranjuez
fue también refugio, esta vez para el rey Carlos III, asustado por la inesperada y
violenta reacción del pueblo de Madrid contra su ministro Esquilache. Por lo demás son
habitualmente efemérides relacionadas con las propias personas reales que allí
residieron.
Nacimientos y muertes sobre todo. Allí
nació la infanta Carlota, hija de Carlos III; los infantes don Carlos y don Felipe,
gemelos, hijos de Carlos IV y hermanos del rey Fernando VII, así como el hermano pequeño
Francisco de Paula. Y allí murieron dos reinas: Isabel de Farnesio, mujer de Felipe V y
doña Bárbara de Braganza que tanto había disfrutado el Real Sitio.
Ya en el siglo XIX, el nombre de Aranjuez va
unido a dos hechos trascendentales para la historia, por una parte el Tratado de Aranjuez,
que Carlos IV ratificó en esta ciudad en enero de 1805 y que le comprometía a una
alianza con Napoleón para declarar la guerra a Inglaterra, y por otra el famoso Motín de
Aranjuez, ocurrido en marzo de 1808 que preludió la guerra de la Independencia.
El Motín de Aranjuez acabó con Godoy, a
quien se acusó de querer secuestrar a la familia real, y forzó la abdicación de Carlos
IV en su hijo el príncipe de Asturias D. Fernando, que reinaría más tarde con el nombre
de Fernando VII. Los hechos tuvieron lugar en Aranjuez porque Godoy había trasladado
allí las tropas con la finalidad de ayudar a los reyes a huir a Andalucía ante el avance
de Napoleón.
Desde mediados del siglo XIX, Aranjuez
obtuvo notables mejoras, fue la primera ciudad española comunicada por ferrocarril con
Madrid, en 1851, en un primer tramo de lo que luego sería la línea férrea de
Madrid-Alicante. También a mediados de este siglo XIX se fundó la primera Escuela de
Agricultura del país.